Yo, al contrario que algunos compañeros de mi gremio, sí creo que estamos viviendo una nueva burbuja, al estilo de la que hubo entre 1998 y 2001. Una burbuja del dospuntocerismo provocada por las tantísimas empresas que dicen dedicarse a la comunicación y al marketing online, pero que en realidad venden a muy bajo precio acciones mediocres sin planificación, ni objetivos medibles, ni resultados. Como dijo Warren Buffett, cuando baje la marea ya veremos quién está nadando desnudo. Mientras, toca pelear contra los de aquí, los de allí y los de más allá. Lo que realmente me preocupa es que cuando la burbuja pinche los empresarios no entiendan que han sido estafados por vendedores de crecepelo, sino que crean que han fracasado porque los medios sociales no funcionan, porque lo de internet es una moda pasajera y al final lo que funciona es lo que se ha hecho toda la vida. Para que esto no ocurra, nos toca a los profesionales evangelizar entre el empresariado para que entiendan que este, como cualquier otro, es un trabajo que debe ser realizado por personas formadas y experimentadas. Y este post va en esa línea. Hacer saltar la liebre sobre esas empresas oportunistas que tiran los precios de los demás a cambio de productos fraudulentos.

    1. El paquetito cerrado: Hay muchas personas que venden los servicios de ‘sosialmidia’ en paquetes escalables. Twitter y Facebook por un módico precio; le suman Google+, Flickr y Pinterest por un poco más; y si le añadimos Linkedin, Tuenti y Badoo ya es el remate del tomate. Si te ofrecen algo así, te están timando. Aunque finalmente una estrategia se desarrolle en Twitter y Facebook (inevitablemente, porque actualmente son las más populares), a priori no se puede garantizar dónde implementar la comunicación de tu empresa sin haberla estudiado a fondo, a tu sector, a la competencia… ¿debe tu empresa estar en Tuenti? ¿En Google+? Antes de pulsar una sola tecla hay que sentarse a pensar, investigar, decidir…

 

    1. Los informes deben informar: os voy a contar un secreto: el informe de Google Analytics lo podéis descargar vosotros mismos. Así que si os han vendido un informe mensual del estado de la web y os envían un informe ‘pelado y mondado’ de la herramienta de analítica de Google, os están timando. Un análisis no es un puñado de métricas. Esas métricas que se obtienen de una máquina deben ser procesadas por un componente humano que las traduce en resultados alcanzados, objetivos cumplidos, o no, tendencias, sugerencias, correcciones… Es lo más divertido que tiene internet, que todo es medible. Los resultados van mejorando con el tiempo porque las métricas nos permiten medir los resultados y corregir lo que no esté funcionando. Y eso debe ser estar reflejado en un informe.

 

    1. Lo último de lo último: hay algunos a los que se les llena la boca diciendo que te van a vender lo último de lo último. Está muy relacionado con el último punto, porque normalmente ‘lo último de lo último’ suele ser lo que va a sacarte definitivamente de la ruina. Me pasó una vez, trabajando en una empresa, que un compañero informático nos obligó a migrar las webs corporativas a la plataforma LifeRay, que era lo último de lo último y lo ‘mejón de lo mejón’….. mientras la Casa Blanca estaba migrando por aquellas fechas a Drupal (qué torpes ellos y qué listos nosotros). Además, lo último de lo último a veces falla, y es mejor esperar un poco a que lo prueben otros. Mucho ojo con las innovaciones sensacionalistas. A veces están envueltas de humo.

 

    1. En casa de herrero, cuchillos de hierro: porque lo de cuchara de palo se dice para hacer la gracia, como excusa, pero a mi, sintiéndolo mucho, no me vale. Una empresa que te está vendiendo presencia en red que no tenga presencia en red es, cuanto menos, sospechoso. Una empresa que te dice que ‘lo último de lo último’ es tener una aplicación móvil, pero su web ni siquiera está adaptado a terminales móviles… cuanto menos es sospechoso. Alguien que vende reputación en la red que apenas tenga seguidores en Twitter o Facebook, que son precisamente los medios en los que son profesionales, desconfía. Y con esto no digo que si no tienes 4000 fologüers no eres nadie, pero con 30 tampoco.

 

    1. Hablar por boca de otro: hay ciertas normas éticas que me parece terriblemente feo romper. Imaginaos que tenéis una tienda y que uno de vuestros dependientes, a cada cliente que entra y se pasea por entre los expositores, le intenta vender una cosa que hace él en su casa (o que ha comprado en otro sitio). Trasladado a las redes: imaginaos que desde los perfiles de vuestra marca quien los gestiona aprovecha para ir dejando publicaciones que le son favorables, aunque no tenga nada que ver con vosotros. Imaginad el Twitter de vuestra empresa haciendo RT a lo que dice tu community manager, así por la cara. O que se hace Follow Friday personal desde la cuenta del cliente (juro que lo he visto).

 

    1. La técnica del tartamudo: hay muchas cuentas que se las ve venir de lejos. Si tu página de Facebook, por ejemplo, publica 3 cosas un día, luego pasa 2 en silencio, al tercer día publica 4 cosas, luego 5 en silencio… es lo que yo llamo ‘la técnica del tartamudo’, que demuestra que detrás hay una persona que no está prestando demasiada atención a la gestión de tu cuenta. Probablemente está gestionando 15 páginas de Facebook a la vez, y cada cierto número de días piensa ‘Ostras! Que llevo mucho sin publicar en este sitio!’, pone un par de enlaces para tener contento al cliente.. ¡y a volar! Total, qué sabe el cliente sobre interacciones, conversiones, gestión de comunidades… como si tu página de Facebook no fuera más que un tablón de corcho en el que pinchar cuatro post-its mal  puestos.

 

    1. Plata de la que cagó la gata: todo tiene un valor. Y el valor determina el precio. Las páginas webs no cuestan 10 euros, pero tampoco 20.000 (salvo que estemos hablando de proyectos de proporciones bíblicas).  Por tanto, es un ejercicio muy sano el pedir varios presupuestos para tratar de averiguar cuánto cuesta cada servicio. Un community management serio no se puede cobrar a 150 euros. Eso es así. Consejo: pide más presupuestos. De hecho, es lo normal para cualquier otro área: carpintería, albañilería… hay que buscar, comparar y luego decidir.

 

    1. El vendedor de crecepelo: esta es un poco la imagen predominante de todas las anteriores. Es la que unifica. Se parece mucho al ‘lo último de lo último’. Suelen ir de la mano, aunque no siempre. La principal característica del vendedor de crecepelo es que empieza a venderte una herramienta o una aplicación (un servicio, en general) como la piedra filosofal de tu ruina. Gracias a él y a su mágico tónico capilar vas a pasar de ser una pyme mediocre a ser el primo listo de Amancio Ortega. Vas a facturar cuatro veces el PIB de Sri-Lanka… y todo eso con apenas un servicio. Nada de despliegues estratégicos y tácticos, KPIs, pruebas, interacciones… nada, nada. Yo ahora chasqueo un poco los dedos, te abrimos una cuenta en Pinterest (lo último de lo último) y ya verás, ya… O te hago una capa de Layar del Futuro, como la lejía esa del anuncio… O te pongo un QR personalizado con Bifidus Activo . Pero la verdad es que, al igual que los crecepelos del antiguo oeste (y los de ahora, supongo) te mejorará algo, pero no te volverás Mufasa de la noche a la mañana salvo que te lo tomes un poco más en serio y sumes herramientas, aplicaciones y servicios a un plan más completo que, simplemente, una botella.

 

Para realizar esta lista me he basado en mi experiencia personal, pero también en la ajena. De hecho, es un texto abierto. ¿Conoces más prácticas malévolas que podamos añadir?

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