Hay muchas formas de aprender gestión empresarial. El recurso más obvio es estudiar el Grado en Administración y Dirección de Empresas. También puedes hacer un Máster en Administración de Empresas (conocidos como MBAs) u otros cursos parecidos. Y también puedes observar a tu padre y un buen día heredar el negocio familiar y poner en práctica lo aprendido.

La mayoría de empresarios que conozco han empezado en los negocios porque son buenos técnicos en lo suyo, en la materia que dominan, y un buen día, por obligación o motu proprio, decidieron montar una empresa. Yo soy de este tipo.




Lo mejor que tiene el ‘empresario técnico’ es que el producto que da o el servicio que presta se presupone excelente. Lo peor es que, al no tener formación empresarial, muchas veces nos olvidamos de actuar como gestores. No nos han enseñado a ser empresarios, y hemos tenido que aprender de forma obligada a base de ir probando una y otra vez, equivocarte, arreglarlo, y aprender, y volverte a equivocar.

Por eso, cualquier oportunidad es buena para aprender: un libro, un post, un podcast, un networking en el que charlas con otros empresarios sobre problemas comunes… Y, por qué no, un videojuego.

No me gusta el fútbol. Cualquiera que me siga en redes sociales lo sabe. Y, sin embargo, el videojuego al que más horas he echado en la vida ha sido al PCFutbol7. Pero casi nunca jugaba los partidos: a mi lo que me interesaba era gestionar el club. Coger al Málaga el 2ªB y hacerlo campeón de la intercontinental con jugadores de primera, un estadio al que no le faltaba un perejil y una cuenta de resultados repleta de números en verde.

También he jugado mucho al Lineage, un MMPORG en el que mi interés no era ni ser el guerrero más fuerte ni el mago más poderoso: mi objetivo era ser el enano más rico. Y para ello hacía estudios de mercado, tablas de precios, previsiones de ingresos, cuadro de resultados, objetivos de facutración… Sí: soy así de repelente.




Con esto quiero decir que los videojuegos que más me gustan son los de gestión empresarial: aquellos que consisten en simular una empresa, gestionar, producir, vender… De hecho, aquí te dejo un artículo que escribí sobre 10 videojuegos de este tipo.

Hace poco me instalé el Simcity para Android. Había jugado a ediciones antiguas, en PC, sin mucho interés. Pero tengo que reconocer que el SimCity BuildIt es un juegazo.

El SimCity es un simulador en el que tu eres el Alcalde de una ciudad. Como tal, está en tu mano la construcción de las carreteras, el desarrollo urbanístico, la instalación de suministros, recaudación de impuestos… En definitiva, gestionar. A escala videojuego, pero no es muy distinto de dirigir una empresa.

Y por eso, cuando estaba jugando, me di cuenta que ciertos retos requerían de cierta habilidad para superarlos; y la forma en la que me iba enfrentando a dichos retos me estaba dando una versión diferente de cómo gestionar cosas. Es decir… estaba aprendiendo.

Y si he podido aprender yo, pueden aprender otros. Así que aquí os comparto este artículo sobre consejos de gestión empresarial que he aprendido jugando al SimCity BuildIt.

Ojo que no voy a entrar a analizar gráficos, jugabilidad ni otros parámetros porque ni éste es un blog de videojuegos ni yo tengo los conocimientos y la experiencia necesarias para hacerlo. Me voy a limitar a hablar de su utilidad en cuanto a gestión empresarial.




Consejo nº1: huye de lo superfluo

Decorar tu ciudad es guay, pero superfluo. Poner estatuas, parques… ayudan a que haya más población, sí. Pero primero hay que garantizar los suministros, las carreteras, las fábricas, las tiendas… y cuando la ciudad funciona… entonces, y sólo entonces, dedica tiempo a decorar, a embellecer y a perfeccionar.

Yo, cuando ya tenía la ciudad completamente establecida, fue cuando me concentré a tope en conseguir llaves de platino para poder comprar… ¡¡la Giralda de Sevilla!! Qué maravilla poder darle un toque andaluz a mi ciudad 😀

7 consejos sobre gestión empresarial que aprendí jugando a Simcity | @Blocdeesbozos

Creo que este párrafo no necesita explicación adaptada a la empresa. Tal cual lo he expresado, aplícalo: garantiza el suministro, garantiza la producción y garantiza la venta. Y entonces, sólo entonces, empieza a dedicar tiempo y esfuerzos a aquellas superfluosidades que ayudan, de forma silenciosa, a que todo lo demás fluya con más armonía, pero que no repercuten de forma directa en la cuenta de resultados.

Esto no quiere decir que debas trabajar en condiciones miserables. Garantiza también un confort mínimo digno en tu lugar de trabajo. A fin de cuentas, seguramente pases casi tanto tiempo allí como en tu casa.




Consejo nº2: intenta ser lo más lean que puedas

¿No conoces la metodología lean startup? Te dejo un enlace para que profundices, porque es algo verdaderamente útil en el mundo de los negocios y la gestión empresarial. Google lo resumen en el eslogan keep it simple, que también es un precepto para el posicionamiento SEO.

A modo de resumen: No quieras tener todo lo mejor de golpe. No esperes a tener la mejor versión de las cosas: ve introduciendo cada versión conforme vayas teniéndola disponible.

En el caso del videojuego, la mejor fábrica posible es la de nanotecnología: permite fabricar 5 productos a la vez, no contamina, ergo no molesta a los ciudadanos… pero cuesta una fortuna cada una. Las fábricas normales, empezando por la pequeña y terminando por la de alta tecnología, son más accesibles, cada una en su rango, pero en algún momento las tienes que destruir para comprar fábricas mejores.

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¿Qué hacer? ¿Ahorrar y ahorrar hasta tener dinero para comprar todas las fábricas de nanotecnología disponibles? ¿O ir comprando todas las fábricas pequeñas disponibles, cuando tengas fondos las vas sustituyendo por las medianas, luego por las de alta tecnología y, por último, las de nanotecnología? He aquí el dilema.

La metodología Lean Startup nos dice que la segunda opción es la más válida. Sal al mercado en cuanto puedas, en el mismo momento en el que tengas una versión mínima viable de tu producto. Sal al mercado y empieza a generar beneficios y opiniones de los clientes, para que con esa información, y el beneficio obtenido, puedas reinvertir en tu negocio y mejorar el producto y puedas sacar una segunda versión aún más eficaz.




Consejo nº3: haz embudos

Casi todo en esta vida es susceptible de ser puesto en un un embudo de conversión y de ser optimizado por partes. Aquí un post del gran Tristán Elósegui sobre cómo definir los objetivos de una estrategia online usando el purchase funnel. Y eso es en marketing online, pero en el resto de áreas de la empresa es igualmente útil. Te cuento cómo aplicarlo al juego.

Hay momentos en los que se te pide que vendas, por ejemplo, un sofá. Para fabricar un sofá necesitas tela (materia prima), un taladro y pegamento. Para el taladro necesitas hierro (materia prima), plástico (materia prima) y chips eléctricos (materia prima). Y para hacer el pegamento necesitas plástico y productos químicos.

Como ves, para hacer un sofá necesitas tres pasos, y poner en marcha cada fase en su momento. Si te equivocas en estos pasos, te encontrarás con que tienes taladros, tienes pegamento, pero no tienes tela. O chips.

Establece en tu empresa cuál es el embudo de desarrollo de los productos o servicios. Qué acciones debes hacer que te conducen a la siguiente, y así todo el proceso de compra completo: acción comercial, presentación de presupuestos, planificación del servicio, ejecución (con sus partes correspondientes), entrega y cobro. No se puede cobrar lo que no se ha ejecutado; no se puede ejecutar lo que no se ha planificado; no se puede planificar lo que ni siquiera se ha vendido.

Incluso dentro de la producción: no se puede ejecutar si no se ha firmado un contrato de confidencialidad; o no se puede ejecutar si no se han comprado las materias primas; o no se puede si no se han registrado las herramientas correspondientes. Aquí cada uno debe adaptarlo a su negocio.




Consejo nº4: no agotes a los generadores de materia prima

Siguiendo con el ejemplo del sofá, para fabricar los componentes de materia prima que necesitamos hay que acudir a la fábrica para sacar ese plástico, producto químico, hierro y chips que necesitamos. Pero cuidado: en las fábricas se puede hacer mucho más. Y si tenemos todas las fábricas ocupadas haciendo azúcar (que tarda 4 horas), cristal (que tarda 5) o alimento para animales (que tarda 6) no podremos usarlas para poner hierro (que tarda 1 minuto) o plástico (que tarda 9).

Tener claro el embudo anterior nos permite poner a producir las materias primas en el orden adecuado, de forma que no se nos colapse la cadena de producción.

Aplicado a un negocio, si has hecho bien el punto anterior, definir un embudo de conversión, habrás identificado cuáles son los caminos que te van llevando de la captación a la posventa. ¿De donde te llegan las oportunidades de negocio? ¿Están esas personas liberadas para poder realizar su función? Cuando la oportunidad llega a la empresa, ¿cómo se introduce dicha oportunidad en tu organigrama? ¿Están esas personas disponibles para hacer su parte, o están ocupadas en otras tareas que retrasen la incorporación de la nueva oportunidad a la cadena de montaje?

Identifica los cuellos de botella y planifica el trabajo para que cuando los proyectos pasen de una fase a otra no se queden en un tiempo muerto hasta que el siguiente actor tenga un hueco y pueda darle prioridad.




Consejo nº5: no tengas recursos de producción parados

Este consejo, en el juego, es muy evidente. Tienes fábricas de generación y fábricas de industria. Las primeras hacen materia prima. Las segundas las transforman en objetos. Normalmente los haces funcionar según las misiones que te van saliendo. Si un personaje te pide que fabriques 5 alacenas, tu empiezas a fabricar madera para producir tablones, fabricas cristales, y fabricas químicos que te producen pintura… y con todo eso haces las alacenas.

Y mientras… ¿qué hacemos con el restaurante de comida rápida? ¿Lo dejamos parado? En absoluto: asegúrate de tener siempre materia prima suficiente para no dejar de fabricar, por ejemplo, hamburguesas. ¿Las necesitas? No, pero tienes una función de “Depósito comercial” donde puedes ponerlas a la venta, y otro usuario las comprará para sus misiones.

Cada minuto que una fábrica está parada son monedas que dejas de ganar en el depósito comercial. Y el juego lo sabe y te lo notifica, poniendo unas Z que vuelan desde la fábrica parada en señal de que está dormida.

7 consejos sobre gestión empresarial que aprendí jugando a Simcity | @Blocdeesbozos

Todas las fábricas dormidas. Muchas zetas al aire.

En el caso de las empresas, cada recurso tiene una utilidad, o varias. Tener un recurso parado es rentabilidad que estás perdiendo. Si tienes en tu equipo una persona que es buenísima haciendo papiroflexia, no desaproveches esa habilidad y ponlo a hacer barquitos de papel como un loco. Eso sí: en la vida real no existe el “depósito comercial”, por lo que tendrás que ir generándolo tu.

Esto significa lanzar lazos comerciales orientados a vender esos servicios que puedes ofrecer gracias a tus recursos. Cada minuto que ese compañero no está haciendo barquitos de papel son euros que no se están ganando. Pero cada barquito de papel que se produce y se almacena pero no se vende… son euros que se pierden por la no-venta y por el espacio acumulado.

Eso significa también que, en tu labor de construir ese “depósito comercial” que necesitas para dinamizar tus ventas, no lo hagas a lo loco: sé consciente de qué recurso está haciendo qué producto, y cuál es su carga de trabajo. Por tanto, sal a vender aquello cuyo recursos está desocupado, en lugar de dejar que la acción comercial llegue sola y sobrecargar unos recursos mientras otros se aburren…




Consejo nº6: cuando no puedas con todo, trocea y prioriza

Hay un momento del juego en el que me vi desbordado. Tenía las misiones del puerto, las del aeropuerto, el concurso de alcaldes, la Torre Vu (el científico loco), el NeoMercado… no sabía dónde acudir. No era capaz de priorizar la producción en las fábricas para tal o cual objetivo…. y estuve a punto de dejar el juego.

¿Qué solución le di? Paré, analicé y prioricé. Y eso supuso dar de lado algunas misiones. Decidí que lo que me aportaba el aeropuerto era poco útil, que el Neomercado podía esperar, que la Torre Vu no me gustaba (conceptualmente)… y me centré, por tanto, en las misiones del puerto y el Concurso de Alcaldes. De esta forma pude consolidar mejor mi ciudad, y retomar el Neomercado unos meses después.

Hay veces, en nuestras empresas, que una avalancha de trabajo nos come. Y no me refiero a microtareas en un día específico, sino a cuando la cosa empieza a funcionar, empieza a ir rodada, y el goteo de clientes es imparable… pero ingobernable. ¿Qué hacer? Parar, trocear y priorizar.

Es posible que todos los proyectos que te estén llegando no sean totalmente tu tipo. Es posible que tengas que subir precios para discriminar clientes (o para que el ingreso extra te permita crecer y seguir atendiendo la demanda). Es posible que tengas que aprender a decir “no” a determinados proyectos. Incluso es posible que tengas que discriminar servicios, y concentrarte sólo en un puñado de éstos, pero no en todas las actividades de tu sector.




Consejo nº7: no hagas lo que no te gusta

Lo he comentado en el consejo anterior: no me gusta la Torre Vu. No entiendo qué sentido tiene un científico loco con la misión de destruir edificios… en un juego que consiste en construir edicificios. Pero lo cierto es que una vez que has empezado a usar los experimentos del científico, entras en una dinámica de no parar, de seguir destruyendo… siempre y cuando quieras seguir recibiendo las bonificaciones de usar la Torre.

Esto me recuerda a una charla que nos dio un publicista en la Escuela de Arte. Él tenía un estudio de diseño de interacción en Barcelona, y nos hizo mucho incapié en la coletilla: “de interacción”. Ellos no hacían diseño de imagen corporativa, ni carteles, ni señaléticas… ni siquiera webs. Ellos sólo se dedicaban a diseñar interfaces que interactuaran con usuarios. Y sólo de vez en cuando se comprometían en hacer una web, pero siempre bajo las premisas de que dicha web tendría un fuerte componente de interacción, y de que la tecnología sería experimental (eso les servía para luego trasladarlo a otros proyectos mayores).

Y añadió: “no hacemos páginas web para empresas. No nos gusta. Y en este mundo empresarial, en cuanto haces algo y publicitas que lo has hecho, empieza a llegar gente pidiendo lo mismo. Y si eso que has hecho no te gusta, la ley de Murphy hace que muchas muchas personas lleguen pidiendo que vuelvas a hacer eso que no te gusta hacer. Conclusión: no hacen webs para empresas”.

Pues lo mismo. Hago mío este consejo y os lo transmito en este artículo: intentad no hacer lo que no os gusta. Porque como el resultado le guste al mercado, os van a llover las ofertas. Trabajo llama a trabajo.

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